#1. Ella lo empezó a llamar “darling”  tras escuchar aquella canción.

Durante mucho tiempo su nombre se borró y fue sustituido por aquel alias sonoro y familiar. De hecho, tan usual fue ,que al ser pronunciado, al unisono volvÍan la cabeza el y su perro que para nada coincidía con su nombre.

Pasado el tiempo, su musicalidad se fue apagando; y de su boca, que al susurrarlo dibujaba un pentagrama en clave de sonrisa, se fue transformando en burla y risa triste de payaso.

El perro también se volvió sordo.